Con voz propia: Entrevista a Sonia Tirado

junio 1, 2026

“Con voz propia” son una serie de conversaciones con profesionales del ámbito de la traducción, la interpretación y la localización en general. A través de estas charlas, queremos dar voz a quienes están detrás del sector, conocer sus trayectorias, reflexiones y experiencias, y explorar cómo evoluciona una industria en constante transformación. Y también —por qué no decirlo— reivindicar el valor del factor humano en un sector en el que la tecnología avanza a pasos agigantados, pero donde la experiencia, el criterio y el know-how humanos siguen marcando la diferencia.

Sonia Tirado

Hoy hablamos con Sonia Tirado, traductora médico-científica con quien damos un repaso a cómo se ha transformado la profesión en los últimos años y cómo se vislumbra el futuro. 

P: ¿Cómo empezó tu camino en la traducción médica? ¿Fue una elección consciente o una oportunidad que terminó marcando tu trayectoria?

R: Más que una elección o una casualidad, fue un descubrimiento gradual. En la carrera me especialicé en traducción científico-técnica, y comencé a trabajar en las áreas técnica y de localización. De ahí pasé a proyectos de dispositivos de diagnóstico médico —ese terreno donde lo técnico y lo médico se tocan— y, poco a poco, el contenido médico fue pesando más que el técnico, hasta convertirse en uno de los ejes de mi trabajo.

P: ¿Qué te atrajo —o te sigue atrayendo— del ámbito médico frente a otras especialidades?

R: Me atrae que aquí mi trabajo conecte directamente con algo tan esencial como la salud, y eso le da a cada palabra un peso que me motiva. Me gusta pensar que tiene un impacto positivo en el bienestar de las personas… y de los animales.

P: Si tuvieras que describir la profesión hoy en una frase, ¿cuál sería?

R: Hoy, los lingüistas debemos garantizar que el criterio humano siga guiando la precisión y la claridad en un entorno donde hay vidas y una normativa rigurosa de por medio.

P: La precisión es crucial en este sector. ¿Cómo gestionas la responsabilidad de trabajar con textos que pueden tener un impacto directo en la salud de las personas?

R: Me formo continuamente —en medicina y en los procesos y herramientas del oficio— para trabajar con la seguridad de que el resultado tendrá la máxima calidad que puedo ofrecer.

Por otro lado, evalúo cada encargo con detenimiento y no acepto tareas en las que no pueda desenvolverme con la profesionalidad que se espera de mí.

Y no lo dejo todo en manos del criterio individual: la revisión independiente y la terminología validada forman parte de mi red de seguridad, y cuando detecto un error o una ambigüedad en el original, informo de ello para evitar arrastrarlo.

Sonia Tirado working

P: Cuéntanos (hasta donde sea posible) un proyecto que pareciera “imposible” —por complejidad, volumen o plazo— y del que hoy te sientas especialmente orgullosa.

R: Hay un proyecto al que asocio la palabra «imposible». Hace unos años acepté traducir la actualización del sitio web de un cliente directo de software para laboratorio. Debido a su profundo conocimiento del producto, el departamento de marketing del cliente sugería cambios en la traducción que implicaban mucho tiempo adicional —algo que, como sabemos, no sobra en nuestro sector— y que podían subsanarse con un briefing, una guía de estilo y un glosario más elaborados. El cliente fue muy receptivo: nos coordinamos para elaborar un material de referencia sólido y, a partir de entonces, esa colaboración se convirtió en una relación profesional estable. Me enorgullece porque demostró que nuestro trabajo va mucho más allá de la traducción: aportar criterio sobre el propio proceso es parte del valor añadido.

P: ¿Ha habido algún encargo que te haya sacado completamente de tu zona de confort? ¿Qué aprendiste de esa experiencia?

R: Muchos. Lo más exigente es traducir material de investigación: tienes en tus manos innovaciones que nunca se han traducido, así que no cuentas con glosarios ni referencias previas en las que apoyarte. Lo que he aprendido es a no improvisar ante ese vacío: documentarme a fondo, proponer una solución razonada y apoyarme en el diálogo con el cliente para validar que el concepto se ha entendido bien. Y, sobre todo, a llevar bien la incertidumbre: aceptar que a veces avanzas en terreno sin mapa y que pedir una aclaración no es una debilidad, sino parte del rigor.

P: ¿Y alguno que te haya marcado especialmente por lo que supuso para ti a nivel profesional o personal?

R: Más que un proyecto concreto, me interesa mucho el trabajo con lenguaje claro. Disfruto especialmente de los proyectos que tienen este enfoque, como formularios de consentimiento informado, aplicaciones o materiales de marketing destinados directamente a los pacientes. De hecho, eso me llevó a algo más personal: hago voluntariado ayudando a pacientes a comprender informes médicos que no entienden y acompañándolos en sus visitas cuando lo necesitan. Ver de cerca que alguien entiende lo que le ocurre es la mejor confirmación de por qué hago este trabajo.

P: Cuando te enfrentas a un texto especialmente complejo, ¿qué ocurre “entre bambalinas”? ¿Cómo es tu proceso interno de trabajo? ¿Tienes algún método propio que se pueda desvelar?

R: Sí, a lo largo de los años he aprendido que cuanto más sistematizo mi forma de trabajar, mejores son los resultados. Utilizo listas de comprobación para no saltarme ningún paso. Antes de comenzar, leo a fondo el briefing y todas las instrucciones y materiales proporcionados. Además, en caso necesario, me documento extensamente para entrar en terreno conocido. Durante el trabajo, voy registrando todo lo que no queda claro para consultarlo con el cliente, en lugar de resolverlo a ciegas. Y al final hago un QA doble: con herramientas y también visual, porque hay cosas que solo se ven al leer. Por supuesto, todo se ajusta al servicio que cada cliente pide.

P: La medicina avanza constantemente. ¿Cómo gestionas esa necesidad constante de actualización y aprendizaje?

R: En mi caso, el propio trabajo ya me mantiene al día: traducir material de I+D implica estar en contacto permanente con lo último que ocurre en el sector, casi antes de que llegue a publicarse. Además, reservo tiempo para formarme no solo en medicina, sino también en herramientas, procesos, normativa e IA. Y hoy es más fácil que nunca: publicaciones, vídeos y formaciones para lingüistas y profesionales del ámbito… Los recursos están; lo que marca la diferencia es convertir el aprendizaje en un hábito.

P: Si pudieras explicar en pocas palabras qué aporta un traductor médico especializado que no se ve a simple vista, ¿qué dirías?

R: Que cuando hacemos bien nuestro trabajo, no se nota. Lo invisible —un lenguaje claro, un error detectado a tiempo, terminología coherente y verificada, dudas resueltas— es justo lo que protege al cliente y a los pacientes.

P: La tecnología y la IA están transformando todo el sector. ¿Cómo han cambiado tu día a día? ¿Qué te ayuda realmente y qué te genera inquietud o dudas?

R: Cuando comencé en el mundo de la traducción, muchos profesionales no utilizaban el ordenador. Recuerdo que se valoraba traducir a mano y con diccionarios, y que muchos compañeros con más años de oficio veían con recelo todos los recursos que hoy consideramos esenciales. Creo que con la incorporación de la IA pasa algo similar: tenemos miedo a lo nuevo, pero no podemos mirar hacia otro lado porque ya es parte de nuestro trabajo y de nuestra vida.

¿Mi mayor recelo en este momento? El grado de alucinación de los modelos de IA, la capacidad para mantener la confidencialidad de los datos — sobre todo en medicina— y la creencia generalizada de que todo lo que se hace con IA es correcto y equivalente a lo que se hace con trabajo humano.

P: En este entorno cada vez más digitalizado, ¿dónde sientes que la experiencia y el criterio humano siguen marcando la diferencia?

R: Uso la IA cuando el cliente lo pide y el proyecto lo permite, pero hay terreno donde el criterio humano sigue siendo insustituible. Además de los que ya he mencionado, es muy evidente la falta de naturalidad: en algunos textos, las construcciones rígidas y repetitivas son aceptables, pero en otros, el lector u oyente reconoce de inmediato que algo suena forzado y plano. Saber distinguir qué materiales se prestan a la IA y cuáles no ya es una decisión de criterio. Y hay más: detectar que el original esconde un error, dar con el término correcto, juzgar si un concepto se ha entendido de verdad o saber cuándo hay que preguntar en lugar de suponer. La IA procesa lo que ya existe; el criterio aparece justo donde no hay respuesta previa.