El European HealthTech Forum 2026, celebrado el 1 y 2 de octubre en Alcobendas, reunió a hospitales, industria, startups e instituciones de Europa y Latinoamérica en torno a una cuestión que resume uno de los grandes retos actuales del sector: cómo pasar de la innovación a la adopción.
La tecnología sanitaria ya ha demostrado lo que puede hacer. El reto ahora es conseguir que las soluciones salgan del entorno en el que fueron desarrolladas y puedan implantarse en otros hospitales, países y sistemas sanitarios. En ese proceso intervienen muchos factores: evidencia clínica, interoperabilidad, financiación, compras, regulación, integración en los flujos asistenciales y aceptación por parte de los profesionales y pacientes.
Hay, sin embargo, un factor que puede pasar desapercibido hasta demasiado tarde: el idioma. Cuando una solución HealthTech se prepara para entrar en un nuevo mercado, no basta con traducir sus textos al final del desarrollo. Hay que adaptar el producto, la documentación, la terminología y, en algunos casos, los materiales clínicos y regulatorios al contexto de cada mercado.
La localización, por tanto, no debería empezar cuando el producto está terminado. Debería empezar cuando se diseña.
Cuando el piloto funciona y el lanzamiento se atasca
El patrón es fácil de imaginar: una solución de salud digital se valida en un hospital, los resultados son positivos y el equipo decide ampliar su presencia a otros mercados. Solo entonces aparecen cuestiones que no se habían previsto: textos de la interfaz incrustados en el código, alertas que no caben en pantalla en otros idiomas, terminología clínica sin validar o documentación que debe prepararse para nuevos requisitos regulatorios.
El problema no es que el producto no funcione. Es que se diseñó para un único mercado.
Imaginemos una aplicación de seguimiento de pacientes crónicos validada inicialmente en España. El equipo decide preparar el lanzamiento en Alemania, Francia y México y descubre que parte de la interfaz no admite expansión de texto, que las alertas clínicas utilizan abreviaturas locales y que nadie ha definido qué terminología debe utilizarse en cada mercado.
Resolver estas cuestiones cuando el producto ya está cerrado implica tocar código, modificar pantallas, revisar contenidos y repetir pruebas. Lo que podría haberse resuelto durante el diseño se convierte entonces en un problema de calendario.
La localización tardía también afecta a la documentación. Si el mapa de mercados no se define con suficiente antelación, los equipos pueden descubrir demasiado tarde qué documentos necesitan traducción, qué idiomas son necesarios o qué materiales requieren revisión especializada.
Dónde puede convertirse el idioma en una barrera para la adopción
Hay cuatro áreas en las que este riesgo aparece especialmente.
1. Cumplimiento regulatorio: etiquetado, instrucciones de uso y documentación
Los requisitos lingüísticos forman parte del marco regulatorio de los productos sanitarios en la UE. En el caso del MDR, los Estados miembros pueden determinar los idiomas en los que debe facilitarse determinada información que acompaña al producto, por lo que los fabricantes necesitan identificar estos requisitos para cada mercado de destino. Esto afecta, entre otros contenidos, a información como el etiquetado y las instrucciones de uso.
El riesgo aparece cuando los requisitos lingüísticos se identifican después de haber fijado el calendario de lanzamiento. Traducir, revisar, maquetar y validar la documentación a última hora puede introducir un cuello de botella precisamente cuando el producto debería estar preparado para salir al mercado.
Por eso, el mapa de mercados y de documentación debería formar parte de la planificación regulatoria desde el principio.
2. Producto y software: interfaz, alertas y mensajes clínicos
En software sanitario, el idioma no es un elemento superficial de la interfaz. Forma parte de la experiencia de uso del producto. Una alerta, un mensaje de error o una instrucción que pierde claridad al traducirse puede afectar a la forma en que el usuario interpreta y utiliza la aplicación.
Además, una interfaz que no se ha preparado para la localización puede requerir cambios de desarrollo cuando ya está cerrada: textos concatenados, espacio insuficiente, imágenes con texto integrado, formatos de fecha o unidades no adaptados al mercado de destino.
Por eso, la internacionalización debería formar parte del desarrollo desde el principio. Los textos deben mantenerse separados del código cuando sea posible, debe contemplarse la expansión lingüística y la terminología clínica debe gestionarse de forma centralizada. La localización posterior debería incluir también un testing lingüístico y visual en contexto, no únicamente una revisión de los archivos de traducción.
3. Ensayos clínicos: cuando la traducción afecta a la comprensión del participante
En investigación clínica, la localización tiene una dimensión adicional: el participante debe comprender la información que recibe.
El Reglamento (UE) 536/2014 establece que la información utilizada para obtener el consentimiento informado debe permitir al participante comprender, entre otros aspectos, la naturaleza, los objetivos, los beneficios, las implicaciones y los riesgos del ensayo. También establece que la información debe ser clara, concisa, relevante y comprensible para una persona no experta.
Esto afecta directamente a la traducción y a la validación lingüística de consentimientos informados, cuestionarios y otros materiales dirigidos a participantes. Una traducción que sea lingüísticamente correcta pero no equivalente desde el punto de vista conceptual puede comprometer la comparabilidad de determinados instrumentos entre idiomas. Por eso, estos materiales requieren un proceso específico y no deberían incorporarse al calendario de un ensayo como una tarea de última hora.
4. Europa y Latinoamérica: un idioma no significa necesariamente un mismo mercado
La expansión internacional también plantea una cuestión menos evidente: compartir idioma no significa compartir mercado. Un contenido desarrollado para España no tiene por qué funcionar de la misma manera en México, Colombia o Argentina. Pueden cambiar la terminología clínica, las convenciones lingüísticas, el registro, las referencias institucionales y las expectativas del usuario.
Esto es especialmente relevante para las empresas HealthTech que quieren expandirse simultáneamente por Europa y Latinoamérica. Decidir qué variantes lingüísticas se necesitan antes de desarrollar los contenidos permite evitar una solución aparentemente eficiente —un único «español neutro»— que posteriormente requiere múltiples adaptaciones.
IA y validación humana: acelerar sin perder el control
La inteligencia artificial está cambiando rápidamente la forma de producir y localizar contenidos sanitarios. Puede acelerar determinados procesos, facilitar la reutilización de terminología y ayudar a gestionar grandes volúmenes de contenido.
Pero utilizar IA de forma eficiente no significa eliminar la intervención humana. La cuestión relevante es dónde puede aportar eficiencia y qué nivel de control debe aplicarse después. En un flujo lingüístico profesional, ISO 17100 establece requisitos para los procesos de traducción y revisión, mientras que ISO 18587 establece requisitos para la revisión humana de resultados de traducción automática. Esto permite diseñar flujos diferentes según el contenido y su nivel de riesgo.
Un contenido altamente repetitivo y de bajo impacto puede beneficiarse de un flujo de traducción automática y posedición profesional. Una alerta clínica, un consentimiento informado o determinada documentación regulatoria pueden requerir un nivel de revisión y control mucho mayor.
Por tanto, la pregunta no debería ser «¿IA o traductor?», sino:
¿Qué proceso lingüístico necesita cada tipo de contenido para alcanzar el nivel de calidad y control requerido?
La respuesta debería definirse antes de comenzar el proyecto y quedar documentada dentro del flujo de trabajo.
Cómo planificar la localización desde el diseño del producto
Localizar bien no significa traducir antes. Significa tomar antes las decisiones que harán posible una buena localización.
Conviene diferenciar entre traducción y localización. La traducción traslada un contenido a otro idioma. La localización adapta el producto completo —interfaz, documentación, formatos, terminología y experiencia de usuario— a un mercado concreto.
Por eso, la planificación debería comenzar en cuatro momentos:
| Fase | Qué preparar | Qué evita |
| Diseño | Textos separados del código, espacio suficiente para la expansión lingüística y terminología clínica definida | Rediseñar pantallas o modificar código al final |
| Desarrollo | Glosarios y memorias de traducción actualizados y revisión lingüística dentro del producto | Que un texto correcto en un archivo resulte ambiguo en contexto |
| Plan regulatorio | Mapa de mercados, idiomas y documentos necesarios para cada país | Descubrir requisitos lingüísticos cuando el calendario ya está cerrado |
| Ensayos clínicos | Planificar la validación lingüística de los materiales de pacientes junto con el calendario de reclutamiento | Retrasos derivados de materiales que todavía no están validados |
Tres principios ayudan a convertir esta planificación en un proceso operativo.
Primero, empezar por el mapa de mercados. Antes de decidir idiomas, hay que saber dónde se quiere comercializar o implantar la solución y en qué orden.
Segundo, tratar la terminología como un activo del producto. Los términos clínicos, técnicos y regulatorios no deberían reinventarse en cada proyecto. Deben tener un responsable, un criterio de aprobación y un sistema de control de versiones.
Tercero, reservar tiempo para la validación. La localización también necesita revisión, pruebas y correcciones. Ese tiempo debe formar parte del calendario desde el principio, igual que se reserva tiempo para las pruebas técnicas del producto.
Qué pedir a un partner de localización en HealthTech
Elegir un proveedor únicamente por precio por palabra puede resultar especialmente caro cuando los problemas aparecen durante una fase crítica del lanzamiento.
Antes de contratar un partner de localización, hay al menos cinco aspectos que conviene comprobar:
- Certificaciones vigentes. Si el proyecto requiere procesos conforme a ISO 17100 o posedición conforme a ISO 18587, comprueba las certificaciones, su alcance y la entidad que las ha emitido.
- Especialización del equipo. No basta con saber qué herramienta se utiliza. Es importante conocer quién traduce, quién revisa y qué experiencia tiene con documentación médica, regulatoria y clínica.
- Experiencia en regulación y ensayos clínicos. El proveedor debe poder demostrar experiencia con los tipos de documentación que realmente necesita el proyecto.
- Trazabilidad. El proceso debe permitir saber quién tradujo, quién revisó y quién validó cada contenido y qué versión se utilizó.
- Gestión de la terminología. Los glosarios y memorias deben convertirse en activos reutilizables del proyecto y mantenerse actualizados entre versiones y mercados.
En Lexic trabajamos desde hace más de quince años en traducción médica para el sector de las ciencias de la vida y la salud. Nuestros procesos cuentan con certificación ISO 17100 e ISO 18587, y aplicamos estos mismos principios de especialización, trazabilidad y control a proyectos de localización y traducción multilingüe.
La innovación solo se adopta si puede entenderse y utilizarse
El European HealthTech Forum puso el foco en uno de los grandes retos del sector: pasar de la innovación a la adopción. Su programa abordó precisamente cuestiones relacionadas con la adopción hospitalaria, el escalado, la financiación y los nuevos modelos asistenciales.
Desde la perspectiva lingüística, la conclusión es sencilla: una solución no está realmente preparada para escalar si el idioma se deja para el final. La localización afecta a mucho más que a la traducción de textos. Puede condicionar la preparación regulatoria, el calendario de lanzamiento, la experiencia de usuario, la comprensión de la información clínica y la capacidad de mantener un producto coherente en distintos mercados.
Y la IA puede acelerar ese proceso, pero necesita integrarse en un flujo controlado, con criterios claros sobre qué se automatiza, qué se revisa y quién asume la validación final.
La internacionalización de una solución HealthTech empieza mucho antes de traducir el primer archivo. Empieza cuando se diseña el producto.
Si estás preparando la expansión de una solución sanitaria fuera de su mercado de origen, el primer paso no debería ser pedir un presupuesto de traducción. Debería ser definir qué mercados, qué idiomas, qué documentos y qué nivel de validación necesitará el producto para llegar a ellos.
Ese mapa permitirá convertir la localización en parte del plan de lanzamiento, en lugar de convertirla en el último obstáculo antes de llegar al mercado.





